lunes, 27 de diciembre de 2021

Pretty little lies

Che, qué difícil se me hace. Fingir, digo. Callarme, digo. Cerrar bien el orto, digo. No preguntar, digo. Para no lastimarme. Porque sé que te puedo preguntar lo que quiera, y que me vas a ser honesto. Y eso es el problema, sabés? Que me vas a ser honesto. Y que la honestidad duele, a veces. Y es difícil. Porque quisiera que tu honestidad no me lastime. Quisiera no tener que fingir, y quisiera poder decirte todo lo que siento. Quisiera que pudieras callar mis dudas y calmar mis miedos con tan solo el roce de tu mano. Pero no lo haces. Si, se disipan un poco, es cierto... Pero vuelven. Siempre vuelven. Te miro, y me pregunto ¿quién sos? ¿Sigue ahí dentro la persona de quien me enamoré? ¿Y yo? ¿Sigo siendo yo la persona de la que te enamoraste? 
Y... no. Yo cambié. Para mejor. Evolucioné. Gracias a vos, en parte. Y no te voy a dar todo el crédito, no. Fue todo mío, sí. Pero vos me diste un empujoncito. Vos, y tu amor, me ayudaron. Y me sanaron en formas que no creí posible. Y ahora soy otra persona. Una mejor persona, creo. ¿Soy una mejor persona que cuando nos conocimos? Es que eso creo. Creo que la persona que soy hoy jamás cometería los errores que cometió la persona que era hace dos años. Y si bien en parte es gracias a vos, es tan solo eso: en parte. Yo me llevo el mayor crédito. Yo crecí. Yo evolucioné. Yo aprendí de mis errores. De los muchos. Y aprendí de los aciertos, también. Y me di cuenta que me caigo mucho mejor cuando no cometo errores que ya sé que son errores. Porque ese es el tema, creo. Una cosa es equivocarse una vez, o dos, o tres. Pero yo repetí el mismo error demasiadas veces. Y, eventualmente y por suerte, me di cuenta que ya no tengo más excusas. Que no puedo seguir escudándome ni escondiéndome de la culpa. Que la culpa eventualmente te atrapa. Y me atrapó. Dios, me atrapó, y algunos días temo que no quiera soltarme nunca, te juro. Pero nada dura para siempre, eso es algo que también aprendí. Aunque, te confieso, a veces deseo que algunas cosas, como nosotros dos, pudiésemos ser la excepción, y durar para siempre. ¿Conoces alguna excepción vos? Yo conozco un par. Y no digo que sean excepciones perfectas. No hay nada perfecto. Bah, ¿qué es perfecto? Para Camilo, Evaluna. Para Mark, de Love Actually, Juliet. Y... bueno, no se me ocurre ningún otro ejemplo. El caso es... No sé, medio que se me olvidó. Creo que el caso es que a veces, casi siempre, deseo que vos y yo seamos esa excepción al "nada es para siempre", y no importa que tan no-perfecto sea. No necesito que sea perfecto. Necesito que sea real. Y vos y yo somos reales. Con mis errores y los tuyos. Con tus aciertos y los míos. El amor que sentimos es real, no?

....No?

Bueno, me fui de tema. Como siempre, ya me conocés. Todo esto surge porque estaba mirando tu chat, esperando que me respondas un mensaje que te mandé en respuesta a otro mensaje tuyo, y te veía en línea y me preguntaba con quién hablas. Si hablas con ella, digo. O si hablas con otra. ¿Cuántas tenés ahí escondidas? No, no me importa. No quiero saber. No me digas, en serio, es mejor así. Me lo pregunto, pero no importa. Y entonces inmediatamente pienso, "Che, que difícil." Y así surge esto.
Es que me encantaría que sea fácil. Poder preguntarte, y que me respondas, y que tu respuesta no me haga trizas el corazón, y que no me revuelva el estómago, y que no me haga doler la cabeza. 
Pero la vida no es fácil, eso ya lo tengo en claro. Y quizás, y puede que sea mi infinita culpa quien me dicta esto, me merezco esta dificultad. Quizás me estás poniendo a prueba. O quizás es la vida (?) poniéndome a prueba. Yo qué sé. 
"No sé." "Yo qué sé." Últimamente parece ser lo único que sé decir. Es irónico, no? "Lo unico que sé es que no sé nada." Le dije hoy a una amiga en un audio. O quizás fue ayer, o antes de ayer, o quizás la semana pasada... Ni eso sé, ves? No sé absolutamente nada. No sé qué hacer, qué decir, o qué no hacer, o qué no decir. Qué es mejor que sepa, o qué es mejor que no sepa. Es que, ya te dije, a veces la honestidad duele. Siempre fui de las que entienden las mentiras piadosas. Las que son para proteger al otro, digo. Para no lastimar al otro. Como cuando una amiga no le dijo a su novio que le estaba siendo infiel, porque a pesar de eso lo quería. No lo amaba, no. Pero no quiso lastimarlo, entonces se calló. Y no le dijo nada, y quizás el nunca supo ni sabrá sobre esto. ¿Está mal? Qué se yo, ¿Quién dicta qué está mal y qué está bien? ¿Acaso ella no evitó, de esta forma, arruinar su vínculo? ¿Acaso ella de esta forma no permitió que el recuerdo de su relación no se vea distorsionado por la idea completamente falsa de que ella no lo quería? Porque lo quería, a mí me consta. La he visto llorar por él y por su ruptura, y la he visto confundida. Entonces me parece bien. O, por ejemplo, si el novio de una amiga tuya le dice que no miró a ninguna otra toda la noche, pero quizás sí miro. Quizás incluso alguna otra se le acercó, y hablaron. Pero, ¿de qué serviría si le cuenta? ¿No es acaso mejor que la haga sentir segura? ¿Que la haga sentir como si para él ella fuera la única persona en el mundo? No digo la más linda, ni la mejor, ni la más divertida. Digo la única. Como si sus ojos no pudieran ni siquiera mirar a otra mujer. Y, ¿no es lindo eso? Entendes el punto, no? Las mentiras a veces son piadosas, y necesarias. Y yo prefiero que me mientan y no que me destruyan con una verdad que no necesitaba saber. No lo necesitaba. Me arruina la psiquis. Me revuelve el estómago.

Es difícil fingir, y callarse, y cerrar el orto. Pero a veces, para no lastimarse, hay que hacer cosas que uno no quiere. Como mentir. O peor (mejor): mentirse.

Así que sí, volví a entrar a tu chat, te volví a ver en línea, y volví a preguntarme con quién carajo estarás hablando, y si estarás hablando con ella, o con otra, o qué. Y me pregunto de qué habran hablado hoy, o si le habrás dicho que la extrañas o que tenes ganas de verla, o si habrán arreglado para verse alguno de estos días. Pero no importa, posta. No importa. No te voy a preguntar nada.
Voy a fingir. Voy a fingir que no me importa hasta creérmelo. Me voy a mentir a mi misma e imaginar que nada de eso pasa. O que es distinto a como yo me lo imagino. Quizás la vas a ver, pero no tenés tantas ganas como sí tenés de verme a mi. Quizás le vas a dar un beso, pero no va a gustarte tanto como te gustan los míos. Quizás te vas a reir, pero no tanto como te reís conmigo. Quizás te gusta, pero no tanto como te gusto yo. Quizás la queres, pero a mí me amas. 
Y yo voy a cerrar el orto, y no te voy a preguntar nada al respecto. Ni de ella, ni de nadie. Nada de nada. No voy a emitir comentario, ni duda, ni consulta. Ni voy a mirarte de ninguna forma, ni hacer nada en absoluto. Y si alguna vez dejo entrever alguna duda, por favor, te lo pido por lo que más quieras: mentime. 

(Que me gusta(s).)

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