miércoles, 28 de noviembre de 2018

I hope you remember me.
I hope you see something that reminds you of me.
And I hope you smile,
and remember the memories we created together.
And I hope your throat tightens up
and it finally hits you;
you should have never let me go.

But you did anyways.

jueves, 22 de noviembre de 2018

salí (¿o volvé?)

Necesito algo que te saque de mi cabeza. Cualquier cosa. Me da igual, lo que sea. Un par de tragos, un problema, un acontecimiento que me ponga muy feliz, un pibe que me vuele la cabeza, muchos exámenes, alguna droguita. Algo que te saque de mi cabeza.
Es que ya no sé cómo más engañarla. Vive imaginando tu vuelta, tu cariño. Recuerda tu tacto como si hubiera sido el día de ayer que lo sentía, y tu voz como si hubiera sido ayer que la oía. Pero ya pasó mucho tiempo desde que sentí tu tacto y escuché tu voz, e igual mi cabeza no sabe cómo olvidarte. Intenta mantenerte a raya, arrinconarte, taparte con otras cosas, pero siempre logras salir de tu escondite. Yo le digo que no conviene, que no es sano, que no tiene sentido, que si tiene que ser va a ser, y que llorarte y extrañarte no va a cambiar eso, entonces intento dejar de pensarte. Y a veces, lo logro, de verdad que sí. Mantengo la mente ocupada en otras cosas, o en otras personas, y, por tan solo un rato, te vas. Pero siempre volves. Y te ubicas en el centro de mis pensamientos, y me doles. Me duele todo el cuerpo de no tenerte. La cabeza, la panza, el pecho, las manos, me duele el alma. Siento un nudo en la garganta y ese nudo sos vos. Que no salis. Salí, carajo, basta. Andate. Si no me vas a querer como yo necesito que me quieras, no me sirve. No me hace bien. Me intoxica.
Quiero que salgas de mi cabeza, de verdad te digo que eso quiero. Pero también quiero que vengas y me digas que no querés salir. Que querés estar, y hacerme bien. Y querés más. Y me queres. Pero nunca pasa.
Y el nudo sigue. Y vos seguis.
Andate, por favor.
Salí de mi cabeza.
Chau!



O volvé, pero esta vez quedate bien.
Volvé, por favor.
No me obligues a sacarte de mi cabeza, porque no puedo. Porque, en realidad, no quiero.
Volvé.

lunes, 19 de noviembre de 2018

in another life 
I would be your girl
we'd keep all the promises,
be us against the world

in another life
I would make you stay
so I wouldn't have to say
you were the one that got away

viernes, 16 de noviembre de 2018

.

¿Alguna vez sintieron que nada iba bien en su vida, al punto de llegar a pensar que quizás ni valía la pena vivirla?  Por qué, para qué. ¿Qué sentido tiene? ¿What's the point? 
Algunos días siento que ni las cosas más mínimas tienen sentido. No tengo fuerzas para moverme de la cama, no siento hambre, no siento sed, nada. No tengo energía para reirme, pero tampoco para llorar. Estoy cansada. ¿De qué? Duermo, pero igual sigo cansada. Me pesan los ojos, me duele la cabeza. Me pesan las piernas, no puedo levantarme. Me duele el cuerpo, pero no sé bien de qué, creo que el dolor viene de adentro. Siento dolor. Me duele todo. No me siento triste, me siento vacía. Rota. ¿Alguna vez sintieron eso? ¿Saben cómo se siente el alma rota? 
Quisiera explicarselos, quisiera contarles, que me entiendan, que puedan realmente ponerse en mi lugar. Pero no quisiera agobiarlos. A veces es demasiado, hasta para mí. Sentir, no sentir. Como un océano, viene en oleadas, algunas mas fuertes que otras. Pero nunca deja de venir. Las olas siempre vuelven. El mar nunca está calmo. Y si lo está, no me dejo llevar, porque tengo la certeza de que solo se trata de la calma antes de la tormenta. 
Algunos días tengo más energía. Me despierto, voy a cursar, estudio, almuerzo, me río, charlo, quizás hasta lloro por alguna pavada. Estoy contenta, triste. Siento todo. Y cuando digo todo, me refiero a que sigo sintiendome rota. Vacía. Como que nunca nada alcanza. 
Algunos días mis demonios internos me ganan, y no tengo energía para pelearlos. El mundo me aplasta y me cuesta respirar, todo me duele demasiado. Solo quiero apagar el dolor, y recurro al físico, porque el mental no me deja respirar, en cambio el físico me obliga a hacerlo, recordándome que estoy viva. Y cuando la herida física sana, me recuerda que mi mente también va a sanar.
¿Alguna vez llegaron al punto de querer terminar con todo? Pero terminarlo en serio. Parar. Basta. ¿Alguna vez se les pasó por la cabeza morir? ¿El suicidio? La gente se espanta un poco cuando lee esa palabra. Algunas personas insisten "es de cagón". Otras dicen que es de valientes. Qué se yo, no sé bien qué siento yo cada vez que agarro un cuchillo y planeo mi muerte desangrada. No sé si tengo miedo, o coraje. Me duele, eso sí lo sé. Me duele, y no quiero que me duela más. Me duele, y basta, por favor. Basta, cabeza, dejame en paz. Dejame ser feliz, por favor.
¿Ustedes tienen idea de lo que es que tu propia mente juegue con vos? ¿De que tus propios pensamientos te persigan? Qué suerte si no.
Saben, la primera vez que me dijeron que tenía depresión y tenían que tratarme por mis tendencias suicidas, yo tenía 15 años. Me acuerdo que era abril, que yo lloraba todo el día, que no sabía bien por qué. Que tenía ataques de pánico, que no podía respirar, que no podía comer. No sentía hambre, no sentía nada más que dolor y presión en el pecho. Constantemente. Me lastimaba todos los días, quería morir, pero no sabía por qué. No le encontraba sentido a nada, y no tenía energía para buscarle el sentido. La vida me pesaba, y cada día que vivía era una tortura. ¿Alguna vez sintieron eso? ¿Alguna vez sintieron que el mundo conspiraba en su contra? Si su respuesta es un sí, ahora imaginense cómo se siente que tu propia mente conspire en tu contra. ¿Alguna vez miraron a alguien a los ojos y se dieron cuenta que estaban apagados? Así me sentía yo. Apagada. Me miraban, pero no me veían. Nadie lo hacía. Y entonces decidí ir a la psicologa, a ver si me decía que todo iba a pasar, que iba a estar bien. Pero como ya les dije, no fue así. Depresiva, tendencias suicidas, principio de anorexia, ataques de ansiedad, ataques de pánico. The whole package, eh. No le conté a mis viejos, para qué, solamente los iba a amargar. O quizás me iban a decir que intente, y no iban a entender que no podía, que no me salía. Pero les escribí cartas. Escribí muchas. Pedí perdon, asumí responsabilidad. En otras cartas heché culpas, dije "quizás si hubieras hecho tal cosa, yo seguiría acá". Nunca las mandé, porque nunca me animé a matarme, claro está. Supongo que las tiré, realmente no recuerdo. Recuerdo lo que sentía, igual. Acepté mis demonios, y los dejé ganar. Ese día que escribí las cartas, los dejé ganar. Me corté los brazos, y esperé. Me tomé un par de pastillas, y esperé. Pero nada pasó. 
Creo que me dormí un rato, no sé bien cuánto tiempo pasó. Me desperté en el piso del baño, y me sentí triste por seguir viva. Estaba mareada, quizás por las pastillas, quizás por no haber comido. Era sábado, me acuerdo que eran como las 18, 19 hs, y yo no había comido en todo el día. El día anterior no había comido tampoco, para qué, si total me iba a morir. 
Pero no morí. Sobreviví, creo. A medias, supongo. Mis demonios nunca se fueron, se rieron bastante de mí, la verdad. Se burlaron de lo que no logré, y me dijeron que ni para eso servía. Que no era buena en nada, que nunca iba a serlo. Me lo repiten mucho, aún hoy, casi unos exactos seis años después de ese día. Hoy mis demonios me acompañan, y yo lidio con ellos como puedo. Unos días no los siento tanto, aunque sé que están ahí. Me cuesta menos ignorarlos, o pasarlos a segundo plano. Otros días no lo hago, no me importa. No puedo, no me sale, no sé cómo. Me aislo, no quiero nada, no quiero a nadie. 
Este es uno de esos días. Mis demonios los saludan, hola, qué tal. Acá estan, al lado mío, sentaditos como siempre. Me dicen que van a estar conmigo siempre, y yo les creo, aunque toda la gente me quiera convencer de que yo puedo alejarlos. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué sentido tiene la vida, en realidad?
Siento todo apagarse, y me siento a mí misma apagarme. No me siento vacía, o rota, o triste. No sé bien qué siento. Solo sé que me duele. El cuerpo, la mente, el alma. La vida. Me duele vivir, y ya estoy cansada. Quisiera simplemente dejar de hacerlo. Irme, que mis demonios me lleven. Y no volver nunca, nunca más a este lugar. Porque este lugar es solo dolor. Y no quiero más dolor. 
No quiero más nada.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Miércoles

Los miércoles siempre son los más difíciles.
Quizás es porque hace seis años nos juntamos a almorzar un miércoles. Y todos los miércoles pensaba "ya pasaron tres semanas" "ahora pasaron siete semanas" y siempre te recordaba, cada miércoles, cuando pasaba por ort, y cuando pasaba por el Mc Donalds de libertador. Quizás es que hace seis años yo convertí, o convertiste, al miércoles en "ese día en que ví una vez a Gabi".
Quizás es porque lo primero que escribí, o que te dediqué, en 2012, lo hice un miércoles. Ese miércoles 11 de abril. Y después, cada miércoles te dedicaba una canción, un tweet, o una frase. Y entonces cada miércoles te pensaba, y una vez más, el miércoles se convertía en el día de Gabi.
Quizás es porque cuando volvimos a hablar en agosto este año, era miércoles. Quizás es porque un miércoles de septiembre me hablaste y me dijiste que me querías ver. Y quizás es porque ese miércoles a las 5 de la tarde fue cuando sentí que quizás vos también sentías lo mismo que yo, que quizás yo no había estado extrañandote tanto tiempo en vano. Que quizás era recíproco, y que el "todo pasa por algo" había llegado a su "algo". Quizás es porque ese mismo miércoles me dijise que te gustaba mucho mi sonrisa y mis ojos. "Maldita seas vos, Abichuela".
Quizás es porque la última vez que nos vimos fue un miércoles, y me dijiste "aunque sea un ratito, porque tengo muchas ganas", y mi corazón dio saltitos durante todo el día, toda la noche, y todos los días que le siguieron a eso.
Quizás es porque cada miércoles la esperanza de que vuelvas a decirme de vernos aparece, inquieta, aunque yo trate de decirle que no va a pasar. Cada miércoles te espero.
Quizás es porque creo que algún miércoles, sea en noviembre, en diciembre, en febrero, abril, junio, julio, o en cualquier mes, nos vamos a reencontrar. 
Quizás es porque cada miércoles te espero pacientemente, aún sabiendo que no vas a llegar. Te espero igual, porque sé que aunque no sea hoy, ni el miércoles que viene, algún miércoles vas a venir. Y yo te voy a estar esperando como siempre. Como cada miércoles. 
Quizás es que simplemente el miércoles es mi día favorito. Y nunca supe bien por qué, pero creo que ahora lo entiendo. Una vez dije "es que está justo en el medio, y siento que uno se para ahí y puede mirar tanto para atras hacia el lunes y martes como para delante, hacia el jueves y el viernes". O bueno, no sé si con esas palabras. Pero algo así. Pero ahora sé que no se trata de eso. Se trata, en realidad, de que cada uno de mis miércoles lleva tu nombre.
Y espero que alguna vez, algún miércoles tuyo lleve el mío.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Even after all this time 
I still wonder 
why I can't move on 
just the way you did, 
so easily.