jueves, 21 de abril de 2022

Dominó

Sol va a sacar un libro nuevo, y me lo tengo que comprar yo. Yo, y no vos, me voy a regalar ese libro. Los anteriores me los regalaste vos, pero este tengo que comprármelo yo.

Y así, uno por uno, van cayendo como dominós todos los planes que teníamos, junto a las costumbres que ya no vamos a tener. Los conejos que ya no vamos a adoptar, el restaurante al que nunca fuimos a ver qué onda la comida vegana, esa pizza que ya no vamos a probar juntos. Los parlantes holofonicos, las vacaciones, el concierto de Taylor Swift al que nunca fuimos ni iremos. La camiseta de River que jamás llegué a comprarte, la campera que nunca me regalaste. La muestra de Van Gogh a la que no fuimos, los museos que nunca visitamos. Los últimos capítulos de Lost que no terminamos de ver. Los videos graciosos de perritos y gatitos que ya no me vas a compartir. Los poemas que me quedé con ganas de dedicarte. El bowling al que ya no me vas a llevar a jugar con los bumpers puestos, el bar al que no vamos a volver juntos a tomar un gin y una caipi de frutos rojos, el arroz que ya nunca más me vas a cocinar. Los stickers de conejitos y gatitos que ya no nos vamos a mandar antes de irnos a dormir. Las madrugadas que ya no vamos a pasar juntos mirando Los Simuladores. Los chistes internos que vamos a ir perdiendo. Las fotos de mi gato que ya no te voy a mandar, la suerte que ya no me vas a desear antes de rendir un parcial. Los besos que ya nunca más nos vamos a dar. El “cómo te fue?” que ya no te voy a volver a preguntar después de que juegues un partido. Las horas que ya nunca más vamos a pasar juntos. Los abrazos que no vamos a volver a darnos. Las películas románticas que ya no te voy a obligar a que miremos. Las papas fritas con barbacoa que ya no vamos a compartir en ese bar de mala muerte. Los vinos y torpedos de limón que ya no vamos a compartir en tu cama. Los pepinillos que ya no vas a robar de mi heladera. Los apodos que ya no nos vamos a decir. El viaje a Uruguay que nunca vamos a concretar. La última papa frita que ya no vas a cortar a la mitad para dármela a mi también. Las regrabaciones de los álbumes de Taylor que ya no te voy a obligar a escuchar conmigo toda la noche. Las películas que ya no vamos a ir a ver al cine juntos. El restaurante árabe al que ya no vamos a ir a comer falafel y papas con hummus. El golden retriever que ya no vamos a adoptar juntos.

¿A dónde irán a parar estos planes? ¿Los llevaras a cabo con otra persona? ¿Los llevaré a cabo yo con otra persona? ¿Se los llevará el viento? ¿A dónde van a parar todos los “te amo” que ya nunca me vas a volver a decir? ¿Dónde están yendo todos los “te extraño muchísimo” que ya nunca te digo? ¿Dónde se supone que tengo que depositar todo el amor que aún siento que te tengo? ¿Se lo llevará el viento algún día? ¿Me dolerá o se sentirá mas bien como un largo suspiro de relajación?

Uno tras otro veo caer los dominós de nuestra historia. Y quise impedirlo, pero ya era tarde: vos ya habías decidido hacia rato que no querías jugar más. O que querías cambiar de juego. O de compañera. Y entonces me convertí en tu contrincante, y me vi a mi misma intentando con todas mis fuerzas detener la caída de los dominós. Pero mientras yo intentaba que uno no se caiga, vos tirabas tres más.

Y yo sé que yo fui la primera en hacer tambalear el tablero...

pero vos lo pateaste.

Posdata: me compré el nuevo libro de Sol. Y me hubiera gustado que este también me lo regales vos.

Posdata 2: ya sé que el domino no se juega en un tablero.

Posdata 3: te extraño, aunque me hayas lastimado, y aunque quisiera ya no hacerlo. Posdata 4: todavía te quiero, aunque me hayas lastimado, y aunque quisiera dejar de hacerlo.

lunes, 18 de abril de 2022

Te extraño-
Te extraño tanto que no encuentro palabras para describir lo mucho que te extraño. Nos extraño.
¿Nos extrañas? ¿Me extrañas?
No lo suficiente, no? No tanto como para dejar de verla a ella. No tanto como para darme una oportunidad. No tanto como para darnos una chance. No tanto como para dejar el orgullo de lado y venir a mi casa con flores a decirme que me amas a pesar de que fui una pelotuda y que queres perdonarme y que arreglemos todo, no? No tanto. 
No lo suficiente.
"Sos suficiente", me dijiste una vez en Enero, te acordas?
Pero era mentira. Todo fue mentira. Lo mucho que me quisiste también, no?
Digo, porque si no lo fue, no hay lógica. No encuentro sentido en que estés tan bien. En que me hayas reemplazado en dos meses. Como si nada. En que no hayas ni una vez atinado a decirme que me extrañas y que tu vida no es lo mismo sin mi. Que extrañas pasar 5 días seguidos conmigo, y que extrañas a mi gato, y que extrañas nuestras meriendas y ver películas y nuestras cenas y nuestros besos y abrazarme. Si realmente me amaste, estarías extrañando todo esto tanto como yo. Pero no lo haces, no? Eso siento. Y si lo haces, ¿por qué no decirlo? ¿O demostrarlo?
Todos los día intento convencerme de que ya es tarde. De que ya me perdiste. De que no quiero volver. De que no te perdono.
Pero, ¿a quién quiero engañar?
Te elegiría una y otra vez. Pero ese es el problema, supongo.
Que vos a mí no me elegis ni una vez.

Ni una.

martes, 12 de abril de 2022

Ojalá el 12 de abril de 2019 me hubiera quedado en mi casa durmiendo. Ojalá no hubiera comprado esa maldita entrada a la Fiesta Bresh. Ojalá no hubiera tenido ganas de salir. Ojalá no nos hubiesemos mirado. Ojalá no me hubieras respondido de qué sabor era el jugo Cepita. Ojalá no me hubieras compartido un cigarrillo. Ojalá no te hubiera dado un beso. Ojalá no te hubiera pasado mi número.

Ojalá no me hubieras lastimado tanto.
Ojalá no te hubiera lastimado.
Ojalá hubieras perdonado.
Ojalá no te hubiera conocido.
Ojalá pudiera volver a sentirme como me sentía antes de conocerte.

Ojalá no nos hubiesemos conocido nunca.

domingo, 10 de abril de 2022

Castillos de arena

Fuiste derrumbando uno por uno todos mis castillitos de arena. Todos los que armé para vos. Los decoraba, les ponía banderitas, me aseguraba de construirlos lo suficientemente cerca del agua para que la arena pueda manipularse facilmente pero lo suficientemente lejos para que el agua no los derrumbe. Pero no importaba: igual los derrumababa vos. Uno por uno.
Una y otra vez revoleé los baldes y las palitas y me dije que ya basta, que iba a parar de construirte castillitos. Una y otra vez tracé y te mostré mis límites, y una y otra vez te dejé que los pases por encima, como si estuvieses borrando líneas que dibujé con lapiz en un papel. Una y otra vez nos paramos detrás de una linea y te dije que estabas a punto de cruzarla, esperando que des media vuelta y camines hacia el otro lado. Pero no. Vos las cruzabas. Entonces yo decía "bueno, está bien, pero esto sí que no", mientras dibuajaba una línea más adelante. Una línea que también cruzabas. Un límite que pasabas. ¿Cuál es tu límite? Digo, ¿hasta dónde vas a llegar? ¿Cuánto más vas a seguir cruzando mis límites y lastimandome? ¿Cuándo me vas a pedir perdón? ¿Algún día reconoceras que tendrías que pedirme perdón?
¿No tuviste suficiente ya? ¿No sufrí lo suficiente? ¿Realmente no te das cuenta que ya está?
Ya está. Ya basta. Ya entendí. Y te entiendo, pero basta. Basta, por favor y en serio. Yo no me merezco esto. Y entiendo, de verdad que si, que vos pienses que quizás un poco lo merezco. Yo también lo pienso a veces, te confieso, cuando la culpa me gana y se me cuela en los pensamientos y me siento la peor persona del mundo y me odio y lloro y me odio. Pero ya basta. No puedo seguir así. No puedo cambiar lo que hice, lo que soy. Soy esto. Y soy mucho más que lo que hice. Y, dammit, vengo construyendo castillitos de arena hace meses demostrandote lo que soy. Hace tres años. Si a estas alturas no podés ver que soy mucho más que eso, es problema tuyo, no mío. Yo no me merezco esto. No.
No me merezco esto. Merezco a alguien que respete mis límites. Merezco a alguien que mire mis castillitos de arena y les saque fotos y me abrace y me diga que son lindos y les ponga una hojita arriba simulando una banderita.
Merezco (y quiero) a alguien que construya castillitos de arena conmigo.

Metete estos baldes y estas palitas en donde te quepan. 

miércoles, 30 de marzo de 2022

lo más difícil de dejarte ir
y de irme

es darme cuenta que vos ni siquiera queres quedarte

ni que yo me quede 

lunes, 21 de marzo de 2022

es la quinta vez en lo que va del mes que me prometo a mi misma que "no voy a demostrarte más nada"; que voy a dejar de decirte que te quiero o que te extraño o que tengo ganas de verte o que en ese momento tengo ganas de estar con vos tirada
            no por haber dejado de sentirlo; si no por darme cuenta que vos ya no lo sentis

sé bien cómo se siente y cómo es ser amada, extrañada, y querida por vos
sé bien cómo actuas cuando tenés interés en alguien (en mi)
y por ende y por desgracia (o tal vez por suerte, porque nada te salva más que darte cuenta a tiempo) sé bien reconocer cuando no es así. y yo siento, genuina y objetivamente, que ya no me queres, ni me extrañas, ni te interesa si nos vemos o no, ni sentis ganas repentinas de estar acostado conmigo abrazadome, o de nada en particular conmigo. ya no sentis nada por mí. es obvio. se nota a kilómetros de distancia.

y me cansé de esperar que se te escape un "te extraño", un "te quiero", un "qué ganas de estar con vos ahora mismo que tengo", o un "tengo ganas de verte". o algo. cualquier cosa. cualquier mínima cosa. y es obvio que no va a pasar, que esperar es en vano, porque no lo sentís. yo sí, y por eso lo digo.

y es que no hay nada más triste en esta vida, creo yo, que no ser correspondido

y no puedo prometer no sentir más lo que siento: no puedo simplemente dejar de extrañarte o de quererte. pero sí puedo prometer dejar de demostrar mis sentimientos

hasta que un día, tal vez, ya no estén


lunes, 14 de marzo de 2022

miércoles, 9 de marzo de 2022

Cansa

Estoy cansada. De vos, de mi, de todo. Cansada. De nosotros. Y ni siquiera sé cuál nosotros. No queda nada de lo que alguna vez fuimos. Retazos sueltos de algún que otro momento, que encuentro en alguna que otra risa. Eso es todo.

Solía encontrar paz entre tus brazos y certeza en tus palabras. Ahora solo siento tristeza. Y pena. Y miedo, en parte. Y si me preguntas, “miedo a qué?” te respondo, “a perderte.” Pero ya te perdí, no? Hace tiempo, creo. Y, creo, me está costando aceptarlo, o asimilarlo. Y quizás también a vos, no? Pero se nota, y mucho. Y se notan (muchísimo) mis esfuerzos por intentar salvar lo insalvable. Remontar lo irremontable. Evitar que el titanic se hunda. Y no estoy diciendo que la situación o nuestro vínculo es insalvable. Para nada. Es solo que yo no puedo salvarlo sola. Ni remontarlo sola. Ni girar el timón sola. Y no es que vos estés manejando directo hacia el iceberg. Es más bien como si, viéndolo a lo lejos, no sos capaz de girar el timón diez centímetros a la derecha para evitar el choque. Y quizás lo giras cinco. Pero no alcanza…. No alcanza, y yo no puedo hacerlo sola. Y no me quiero hundir. Tampoco quiero saltar del barco. Entonces, qué hago?

Me da bronca, sabes? Porque todo lo que alguna vez fuimos esta acá, a la vuelta del timón. Es tan simple como poner voluntad. Pero no lo haces. Por orgullo, o por la razón que mierda sea. Y me da bronca. Y me duele. Porque solías hacerme sentir que siempre ibas a luchar por mi. Pero ya no lo haces. Y más aún que triste y enojada, me hace sentir cansada. Cansa luchar por alguien que no parece interesado en que lo hagan. Cansa dar y recibir migajas. Cansa sentirse una molestia. 

Cansa. 


lunes, 7 de marzo de 2022

a veces te extraño tanto que me desgarraría el cuerpo y me arrancaría el corazón y lo tiraría de una patada al río luján

a ver si así se me pasa un poquito

(spoiler: no)

martes, 22 de febrero de 2022

:(

Casi te mando que te extraño. Pero no lo hice. No porque no te extrañe. Bah, no lo sé. ¿Realmente puedo extrañarte si te vi antes de ayer? Y si, antes de eso, te había visto hacía dos dias? Es ridiculo. No sé bien si te extraño o que. Quizás no, o quizás si pero ya me acostumbre. Supongo que extraño estar con vos. Quisiera estar con vos ahora. Eso si, eso seguro. Haciendo nada en particular. Simplemente estar. Pero no te lo voy a decir. ¿Para qué? Antes de ayer, a la noche, te dije “Me gustaría estar arropada con vos ahora” y espere, en vano, que me digas que vos también. Que quisieras dormir conmigo. Que esté ahí con vos. Como otras veces me dijiste…. pero ya no. Quizás se te está pasando. Quizás me estás superando. Quizás dejas de sentir lo mismo.

Si es así, ojalá me pase lo mismo entonces.

Ojalá un día me despierte y me de cuenta que ya no tengo ganas de decirte te extraño, porque ya no lo siento. Ojalá algún día me despierte sin extrañarte.

domingo, 20 de febrero de 2022

Un domingo de mierda.

Es domingo. Es domingo y está lluvioso. Por supuesto que soñé con vos, y me desperté con ganas de decirte que vengas a pasar el día acá. Que quiero pasar el día con vos, recostada en tu pecho y mirando películas. Que quiero dormir con vos y que me acaricies el pelo y que me des besos en la frente. Que quiero abrazarte y decirte lo mucho que te quiero y que me lo digas vos también. Que quiero que nos riamos de estupideces y… Bueno, eso.

Es que extraño recostarme en tu pecho y que me acaricies el pelo, y que me llenes de besos. Extraño nuestros domingos juntos, y extraño esos días de frío enredando mis pies helados entre tus piernas, pidiendote que me arropes y me traigas algo de tomar y vengas con un vaso de coca y un chocolatito. Extraño llenarte de besos y que te quejes, y que vengas y me abraces y me digas que me queres. Extraño absolutamente todo, todo el tiempo.

Pero no me lo permito. Lo entierro lo más profundo que puedo, porque no tiene sentido. Porque te veo todo el tiempo. Y porque de todas formas de nada sirve extrañar todo esto si vos no lo haces. Y no lo haces. O no lo suficiente como para volver a eso. Y lo entiendo. Recuerdo yo haberte dicho eso mismo a fines de mayo del año pasado. Entonces solo me queda esperar. ¿Esperar vendrá de esperanza? ¿O será al revés? No lo sé, pero espero porque tengo esperanza. Porque leo lo que te decía yo y leo lo que digo ahora y no puedo evitar sentir esperanza de que te pase lo mismo. De que el tiempo, como con casi todo, ayude. De que extrañes lo suficiente para querer volver. Como me pasó a mí, ¿te acordás? ¿Te acordas que me dijiste que querías volver "en un tiempo"? ¿Que querías la posibilidad de salir con otras personas para ver qué onda y "sentirte menos boludo" y después volver?

Palabras que, hoy en día, siento que quedaron en la nada.

Como nuestra relación, no?

Como nuestros domingos.

miércoles, 16 de febrero de 2022

going, going, gone.

Me duele el corazón. Me siento infinitamente triste. Y sé que no es infinito esto que siento, y sé que a la larga todo pasa. Que los sentimientos fluctúan y cambian. Pero de momento, honestamente, se siente eterno. Siento, realmente, que me duele el cuerpo. Y no entiendo por qué lo llaman “corazón roto”. Personalmente, siento que se rompió todo mi cuerpo. Y te extraño. Todo el dia. Todo el tiempo, hasta en sueños. Hasta cuando estoy con amigas. Hasta cuando el alcohol me pega y pierdo un poco la consciencia. Hasta cuando otro me da un beso. Hasta cuando estudio. Hasta cuando me baño. Hasta cuando escucho música que ni siquiera puedo relacionar con nuestra relación. Te extraño todo el día, todos los días. Y quisiera ir corriendo a abrazarte y no soltarte nunca y pedirte que no me sueltes; que no me dejes ir. Porque no me quiero ir. Pero tengo que irme, no? ¿Qué otra opción tengo? No me dejas otra opción. Porque no queres lo mismo que yo. O quizas si, pero te sentis un boludo por quererlo (por quererme) después de todo y sentis que no es justo y que no te lo mereces. Que no te merezco. Y te entiendo, lamentablemente. Y mis amigas me dicen que tengo que dejar de decirles que te entiendo, porque les duele ver que vos te priorizas a vos, y que yo te priorizo a vos, y que entonces nadie me prioriza a mi. Y que si yo no me priorizo nadie lo va a hacer, y que si yo no pienso en mi misma nadie lo va a hacer. Y que actué mal pero no mate a nadie, y que el orgullo nunca puede ser más importante que los sentimientos. Bueno, mentira. Eso lo digo yo. Pero ellas están de acuerdo, así que es lo mismo. Y bueno, estoy de acuerdo con ellas yo también. Pero… te entiendo. Y les pregunto qué harían ellas en tu situación, o qué piensan que haría yo en tu situación o qué te aconsejarían a vos si fuesen tus amigas y no las mías. Y me dicen que no importa, que no es el caso y no tiene sentido plantearse eso. Pero ahí difiero, porque entenderte y plantearme qué haría yo en tu lugar es lo único y lo mínimo que puedo hacer. Y en tu lugar yo me odiaría. Y me habría bloqueado y habría sacado nuestro portarretratos del cuarto y habría pasado a buscar mi ropa a las dos semanas y no te habría hablado nunca más. Y cualquiera quizás habría hecho esto. Pero vos no. Vos me das una oportunidad. No se por qué, ni como. Pero lo haces. Y mientras lo haces, te sentis un boludo por hacerlo. Y todo el mundo te dice que sos un boludo, y que hay un montón de mujeres más en el mundo que conocer y con quien puedas empezar con una fresh page. Y es verdad.

Entonces te entiendo, y entiendo tu actuar y entiendo tu dolor y tu confusión y tu enojo y tu indignation ante mis planteos, incluso, como ya dije, entiendo perfectamente que te sentis un boludo si cedes ante ellos. Entiendo que no quieras ceder. Aunque yo, si fuera vos, cedería. Pero porque yo no soy una persona orgullosa y jamás lo fui. Y eso me ha costado muchísimas veces “perder mi dignidad”, pero al menos jamás me quedé con las ganas de nada y jamás me quede con ningún sentimiento atragantado. Y siempre, siempre, siempre hice (y hago) lo que sentí (y siento). Pero vos no sos así, y está bien.

Te entiendo. Pero me duele, sabes? Me enoja, pero hace tiempo me di cuenta que el enojo no es más que dolor disfrazado. Y que dura poco. Y cuando se va, solo queda una profunda tristeza. Y acá estoy. Me duele. Aunque te entienda, me duele. Y me pregunto por qué, y me digo a mi misma que no era necesario, que estábamos bien, que estaba todo bien. Y no entiendo, no puedo entenderlo, y entonces vuelvo a enojarme y me duele y me indigno y… y te extraño. Porque te entiendo. Y quiero decirte que sigamos, que yo puedo aguantar un par de golpes al ego. Que puedo entender que me quieras a mi mientras estás en una cita con otra. Pero el solo imaginarte riéndote con otra, o agarrándola de la cintura para darle un beso… yo no soy una persona violenta, pero imaginarte así me da ganas de patear perros, de romper cosas, de golpear paredes y de gritarle a la gente en la cara. Porque me enoja. Me molesta. Me duele.

Entonces tengo que irme, no? Porque no queremos lo mismo. O lo queremos, pero te sentis un boludo al quererlo. Entonces tu orgullo o tus amigos o tu… yo que se. Algo. Algo te dice que no es justo, que sos un boludo si queres, o si le das bola a esto que queres o queremos, y que me la dejas fácil y que no es justo y que no me lo merezco porque te lastimé. Ves? Te dije que te entiendo.

Entonces entendeme vos a mi. Que me duele. Quedarme en esta situación de verdad me duele. No te puedo exigir que cedas, que no le hagas caso a tu orgullo o a tus amigos o a tu viejo. Tiene que surgir de vos. Y si no te surge, qué puedo hacer yo? Y esta bien si no te surge. Quizás me lo merezco. Lo más probable es que me lo merezca. Pero me duele, y no puedo estar todo el tiempo sufriendo por tan solo imaginarte agarrando a otra de la cintura para darle un beso. No puedo.

Entonces me voy. Aunque quiera quedarme un rato más. Aunque recuerde cuando el 31 de diciembre me dijiste que si no me quedo a ver qué pasa nunca voy a saberlo. Y si nunca pasa nada? Y si sufro por meses y nunca sentis que ya pasó el suficiente tiempo como para ceder? O como para no sentirte un boludo si escuchas a tus sentimientos? Y si te das cuenta que así estás mejor? Que realmente preferís toda esa cantidad de vínculos vacíos antes que nuestro vínculo?

Y si sufro al pedo?

Mejor me voy.

viernes, 11 de febrero de 2022

Te tengo que dejar ir, no?
Nos tengo que dejar ir, creo.
Hoy entre medio de mis lágrimas le dije a mi mejor amiga que no quiero perderte. Y me respondió que yo ya te perdí. Que ahora sos otra persona. Que el vínculo ya lo perdí, y que todo lo que quiero retener... it's long gone. Y que no tiene sentido. Quizás ni siquiera tiene que tenerlo. Lo extraño, y ya. Y te extraño. Pero ya no quiero esto, porque no me hace bien. Y cuando digo esto no sé bien si me refiero a vos, a este vínculo que me hace mierda, a extrañar lo que teníamos o a qué carajo. No sé que quiero, y ese es el tema. Y vos si sabés que querés, no? Envidio un poco eso.
Me querés a mi, pero también queres todo lo demás. Poder tener sexo casual, no tener que explicarle nada a nadie, hacer lo que quieras como donde y cuando quieras y con quien quieras. Salir a citas con cinco pibas por mes y decidir que ninguna te gusta, o que te gustan todas. Y mientras tanto, volver a tu casa y mandarme "ya llegué, me voy a dormir" y responderme que vos más cuando yo te diga "que descanses, te quiero mucho". Sí, ya sé.
Y está bien. Bah, no sé si "está bien", pero mal seguro que no está. Es lo que querés y ya. Pero es egoista. Para conmigo, digo. Porque no podés tener todo y a todas, ya te lo dije. Y eventualmente uno tiene que elegir sus prioridades. Y sé que no puedo exigirte de ninguna forma que tu prioridad sea yo. Porque eso tiene que surgir de vos, y si no surge, no surge, y ya. Y me duele, pero es lo que es.
Me duele que no me elijas. Por la razón que sea. Mi psicóloga me dice que lo más probable es que en el fondo no sea más que venganza, o ganas de demostrarme a mí o incluso a vos mismo o a tus amigos que estás bien, que no te importo o que no te afecta tanto y que podés y vas a hacer lo que quieras y disfrutar como todos ellos te deben decir. "No seas boludo, hay un montón de minas en el mundo, disfrutá." O bueno, eso le diría yo a una amiga si estuviese en tu situación. Así que los entiendo. Pero no importa. No importa si la razón de salir con otras es demostrarme a mi, a vos, o a tus amigos que podes, o si es por vengarte, o si es porque genuinamente te pareció una chica divina preciosa hermosa copada entretenida y querías tener una cita para conocerla mejor. O si queres coger y sabés que la única forma es invitandola a comer. Qué se yo. Qué importa, no? Para el caso, es lo mismo. Lo haces, lo hiciste, y lo vas a seguir haciendo. Y ya.
Y no me priorizas. Y ya.
Y está bien.
Pero yo te priorizo. Por sobre mí, muchas veces. Por sobre mi salud mental, mi estabilidad y mi estado de ánimo. Por sobre lo que yo siento que merezco. Por sentirme culpable, o por sentir que te lo debo porque te prometí esperarte, y que me lo debo porque también me prometí a mí intentarlo unos meses. Y ni siquiera puedo durar dos. Y me siento mal.
Una vez les dije a mis amigas que si todo esto se iba al pasto quería quedarme con la sensación de haber hecho todo lo posible, y de haber aguantado todo lo aguantable. Recuerdo que mandé un audio diciendo que esta situación actual es una porquería pero que tengo que aguantarlo unos meses, y que si en unos meses o un tiempo prudencial sigue siendo así y no veo intenciones de cambio, entonces ahí sí habría hecho todo lo posible y podría retirarme en paz y con la sensación de haber hecho todo lo posible. Pero no siento eso, y me siento culpable. Porque pensé que podía aguantar más.
"Aguantar". Qué palabra, no? ¿Por qué tengo que aguantar una situación que me lastima? Y, peor, ¿por qué tengo que aguantar que sepas que esta situación me lastima y aún así, diciendome que me queres y que te importo, no hagas nada para ya no lastimarme? 
"Porque vale la pena", me digo. ¿Y si no? ¿Y si pasado un tiempo prudencial sigue siendo así? ¿Y entonces alargo mi sufrimiento al reverendo pedo? ¿Y si todo sale mal?
¿Pero y si no? ¿Y si siendo paciente todo sale bien?

Y pensé que era paciente, te juro que sí. Y pensé que podía esperar en estas condiciones, y que eventualmente iba a acostumbrarme. Pero cada vez lo sufro más y cada vez me afecta más, y no quiero esto. No quiero seguir pasando días sin comer, y durmiendo mal, y sintiendome drenada de energía y de ganas de todo. No quiero seguir yendome a dormir llorando mientras vos estás en citas con otras. No quiero.
Y quizás puedo. Digo, quizás puedo aguantar. Unos meses más. Sí, sufriría, pero quizás puedo.
Pero creo que no puedo. Porque no puedo seguir priorizandote cuando una y otra vez me demostras que vos no me vas a priorizar a mi. Y si yo te priorizo a vos, y vos también te priorizas a vos, ¿quién me prioriza a mí?
Entonces tengo que priorizarme, y hacer lo que considero que es lo mejor para mí.
Porque queremos cosas distintas. Porque yo quiero estabilidad y seguridad y un vínculo real, y amor, y punto. Y vos queres pelotudear con cuanta piba se te cruce y llenarte de vínculos vacíos. Y quizás un día te despiertes y te des cuenta que al perderme perdés una persona que te quiere con todo el corazón y que haría casi cualquier cosa por vos, y que siempre estuvo y estaría para vos y que te bancaría en todo, y que le importas de verdad. Y te das cuenta que cambiaste un vínculo muy especial por un montón de vínculos vacíos. Pero yo no puedo quedarme sentada esperando que te des cuenta, y tampoco puedo zarandearte y pegarte cachetadas hasta que caigas en la realidad.
Y la realidad es que acá el que pierde sos vos. ¿Yo? Yo gano. Gano alejar de mi vida a una persona que no quiere lo mismo que yo, y que me lastima y no le importa lastimarme. "No voy a ceder". Ja. Hubieras dicho "No me importa lastimarte" y era más honesto, no?
Está bien, no cedas. Perdeme, si tan poco te afecta. Si tanto querés salir con otras, hacelo. Salí con quien quieras. Yo gano. No pierdo nada perdiendo a una persona que me quiere a medias.
No pierdo nada al dejarte ir.
Y ya no sé bien si realmente me lo creo, o si lo repito una y mil veces para creermelo. Como quien se dice una y mil veces que algo no le importa (aunque le importe) hasta que eventualmente empieza a creerse que no le importa. 
No sé si pierdo o no al dejarte ir. Pero estoy segura que vos sí perdes. Y si no te das cuenta de eso, yo no tengo nada que hacer en tu vida.

Te tengo que dejar que ir, creo.

martes, 8 de febrero de 2022

Me siento tan… grande? Vieja? No sé explicarlo. Siento como si ya hubiera vivido todo. Como que ya está, ya estoy. Si muero mañana, está bien. No me interesa buscar metas nuevas, ni caminos nuevos, ni gente nueva, ni lugares nuevos. Estoy bien así. Bah, bien. Estoy cansada. No tengo ganas de nada nuevo. ¿Para qué? Es que siento que ya nada puede sorprenderme. Que todo es más de lo mismo, a fin de cuentas. Y entonces, ¿qué sentido tiene? Ya está. Ya estoy. Ya fue. Todo.

A la vez me siento muy chiquita. Vulnerable. Como si estuviera sosteniéndome pegada con cinta scotch. Qué cinta de porquería. Y en cualquier momento me revolea un viento fuerte y me hago mierda contra el piso. De nuevo. Uf. ¿Cuántas veces van ya? Estoy cansada de caer. Estoy aún más cansada de pegarme con cinta scotch. De intentar rearmarme todos los pedacitos rotos e intentar con todas mis fuerzas no romperme para terminar fracasando, de nuevo. En todo. Y entonces vuelvo a sentirme vulnerable y quisiera pedirle a un Dios en quien no creo que no quiero romperme más, y que no quiero sentirme más así. Pero no creo en Dios, y no creo que alguien me escuche. Y entonces vuelvo a sentirme cansada, y grande, y vieja. Como si ya hubiera vivido todo. Ya está, ya me rompí demasiado. ¿Es mucho pedir un descanso? ¿Un poco de paz? Y, si no es mucho pedir, ¿a quién debería pedírselo? ¿Alguien me escucha? ¿A alguien le importa?

Soy muy joven para sentirme así, pero así me siento. Como que ya está. Como que esto es todo. Pero así me siento. Ya tropecé, aprendí, lloré y fui feliz. ¿Qué más me queda? No me interesa. No me interesa conocer a nadie más. No me interesa aprender nada más. No me interesa ni siquiera equivocarme. No me interesa salir, ni quedarme. Si muero mañana, está bien: ya vivi suficiente. El problema es que no muero, obvio. Porque soy joven. Y todavía no viví nada, supongo. Pero vivir es sufrir. Constantemente. Preocupaciones, miedos, paranoias, dolores, sufrimiento.

¿Qué tanto más se puede vivir? Ya no tengo más ganas de preocuparme ni de sufrir.

¿Cuánto tiempo más tengo que sufrir?

lunes, 24 de enero de 2022

Somos.

Dicen que somos la serie de decisiones que vamos tomando en nuestra vida. Lo que hacemos, no hacemos, decimos y no decimos. Y también, agrego yo, lo que queremos hacer, o decir, pero terminamos no diciéndolo o no haciéndolo. Y, ¿qué con todas esas decisiones que sabemos que deberíamos haber o no haber tomado pero que, por alguna u otra razón, no fue así? ¿A dónde van a parar? ¿Seríamos alguien distinto si las hubiésemos tomado o no tomado, respectivamente? ¿Sería yo la misma persona hoy si hubiera decidido distinto? ¿Hay alguna otra versión mía en algún universo paralelo que tomó todas las decisiones que yo supuse que no debería tomar, o alguna otra que tomó las que si yo debía pero yo no tomé? Y si las hay, ¿serán felices? ¿Más que yo con las decisiones que tomé y no tomé?

¿Habrá una yo en un universo paralelo que decidió estudiar psicología, y no traductorado? ¿O que decidió ir de viaje a Brasil en vez de a México en 2018? ¿O que decidió no ir a una fiesta en abril de 2019 y quedarse durmiendo? ¿O que enterró sus impulsos debajo de su piel? ¿O que estudió más para un parcial y entonces aprobó y no perdió un año de su cursada? ¿Cuántas "yo" pueden haber? Deben ser tan infinitas como infinitas decisiones he tomado en mi vida. O, al menos, aquellas que considero importantes. No creo que haya un universo paralelo en el que decidí untar mi tostada con mermelada de durazno en lugar de mermelada de arándanos.

Reformulo, entonces: somos la serie de decisiones importantes que vamos tomando. Las decisiones que nos marcan. Qué carrera estudiamos. Qué viaje hacemos. A cuáles fiestas vamos y a cuáles no. Qué trabajos tomamos y cuáles no. Qué decimos, y qué nos callamos para siempre. Cuál impulso seguimos, y cuál enterramos debajo de nuestra piel. Y yo soy yo. Soy esto. Estudié traducción, y no psicología. Viajé a México, y no a Brasil. Fui a una fiesta, y no me quedé durmiendo a pesar de que tenía sueño. No estudié lo suficiente. Y seguí mis impulsos. ¿Puedo arrepentirme? ¿Estoy a tiempo de cambiar? ¿Hay algua forma de rectificarme? ¿De dehacer mis decisones? ¿De volver a tomarlas? ¿No, no? ¿Qué hago entonces? Digo, con esta sensación de que hice todo mal.

No puedo cambiar el pasado. No puedo cambiar quien soy. Las decisiones que tomé me llevaron hasta acá. Y quizás, si hubiese decidido distinto, sería otra versión de mí. Una que me gustaría más. Una que sería más feliz. Pero no lo soy. Y lo único que puedo hacer es aprender. Y asegurarme de, esta vez, al menos, intentar tomar las deciones correctas. Para después no tener que estar preguntandome por las otras versiones de mí en otros universos que ni siquiera sé si existen. (Aunque ojalá que sí, y ojalá estén siendo más felices de lo que yo estoy siendo ahora.)

jueves, 13 de enero de 2022

Hace días que vengo sintiendo que te extraño. Sí, te extraño. ¿Cómo? Si nos seguimos viendo, y hablando (!). Incluso seguimos compartiendo la mayoría de las cosas que compartíamos (!). En muchísimos sentidos, casi podría decirte que siento que casi nada cambió (!!!). ¿Cómo, entonces?

Bueno, es que, justamente: casi nada.
Excepto que todo cambió.
Supongo que, lo que en verdad quiero decir, no es que te extraño. No en sí. No a vos. Supongo que nos extraño a nosotros. Extraño lo que eramos; nos extraño. A nosotros; a nuestra cotidianeidad.
Cuando una relación termina, en cierta forma es como si la misma se fuese desgranando. Entonces un día extrañas hacer planes los domingos. Y otro día extrañas las citas y los besos con cuatro vasos de cerveza encima. Otros días extrañas terminar los sábados durmiendo juntos y empezar los domingos almorzando ravioles. Y otro día extrañas hacer planes que el otro quería pero vos no tanto pero igual ibas porque sabías que para el otro era importante. Y otro extrañas que te acaricien el pelo hasta dormirte. Y otro despertarte en un abrazo que no sea a tu almohada. Y unos días extrañas más que otros, y otros días incluso no extrañas, y otros sentís que te atravesaron el pecho con un puñal.


Y, bueno, supongo que lo que quiero decir es que… Nos extraño. Extraño nuestros domingos, nuestros jueves y nuestros lunes. Extraño nuestras risas 3 am y nuestros besos 4 pm. Extraño nuestras meriendas no planificadas, y nuestros fracasados intentos de mirar más de un capítulo de una serie sin hacer pausas de dos horas. Hell, incluso extraño retarte por molestar a mi gato. Extraño nuestros snacks de madrugada. Extraño nuestras tardes de café frío y tostadas con palta, tomate y orégano en tu cama. Extraño batirte un café y que me traigas coca fría. Extraño dormir abrazada a vos. Extraño que te quedes dormido y enojarme porque yo quería que miremos una película. Extraño que me digas que me amas, y sentir que realmente me amas. Extraño decirte que te amo. Extraño cómo me hacías sentir. Extraño cómo nuestra relación me hacía sentir.
Pero no te extraño a vos. No realmente; no. Porque seguís acá. Nos vemos, hablamos. Te digo que te quiero, y me decís que vos también. Y sí, admito que lo dudo, a veces, y otras no. Y otras lo niego, porque no tiene ningún sentido que me quieras. Pero lo haces (creo). Y no te extraño, porque seguís acá. Pero el problema es que nosotros ya no seguimos acá.

¿Dónde fuimos?

¿Dónde estamos?

 

Y yo a vos te extrañé tanto, tanto. No te das una idea. No puedo explicarlo. No hay forma. Mientras vos no pensabas en mí y te dedicabas a hablar con otras 57 mil pibas y a verte con 32 mil, yo te extrañaba. Y no te reclamo, ni te culpo. Just stating the facts. Te extrañaba todo el día, toda la noche, toda la tarde. Y dejé de extrañarte, sí.

Pero, ¿cómo hago para dejar de extrañarnos?