Hace días que vengo
sintiendo que te extraño. Sí, te extraño. ¿Cómo? Si nos seguimos viendo, y
hablando (!). Incluso seguimos compartiendo la mayoría de las cosas que
compartíamos (!). En muchísimos sentidos, casi podría decirte que siento que casi
nada cambió (!!!). ¿Cómo, entonces?
Bueno, es que, justamente: casi
nada.
Excepto que todo cambió.
Supongo que, lo que en verdad quiero decir, no es que te extraño. No en sí. No
a vos. Supongo que nos extraño a nosotros. Extraño lo que eramos; nos extraño. A nosotros; a nuestra cotidianeidad.
Cuando una relación termina, en cierta forma es como si la misma se fuese
desgranando. Entonces un día extrañas hacer planes los domingos. Y otro día
extrañas las citas y los besos con cuatro vasos de cerveza encima. Otros días
extrañas terminar los sábados durmiendo juntos y empezar los domingos almorzando
ravioles. Y otro día extrañas hacer planes que el otro quería pero vos no tanto
pero igual ibas porque sabías que para el otro era importante. Y otro extrañas
que te acaricien el pelo hasta dormirte. Y otro despertarte en un abrazo que no
sea a tu almohada. Y unos días extrañas más que otros, y otros días incluso no extrañas, y otros sentís
que te atravesaron el pecho con un puñal.
Y, bueno, supongo que lo que quiero decir es que… Nos extraño. Extraño
nuestros domingos, nuestros jueves y nuestros lunes. Extraño nuestras risas 3
am y nuestros besos 4 pm. Extraño nuestras meriendas no planificadas, y nuestros
fracasados intentos de mirar más de un capítulo de una serie sin hacer pausas
de dos horas. Hell, incluso extraño retarte por molestar a mi gato. Extraño
nuestros snacks de madrugada. Extraño nuestras tardes de café frío y tostadas
con palta, tomate y orégano en tu cama. Extraño batirte un café y que me traigas coca fría. Extraño dormir abrazada a vos. Extraño que te quedes dormido y enojarme porque yo quería que miremos una película. Extraño que me
digas que me amas, y sentir que realmente me amas. Extraño decirte que te amo.
Extraño cómo me hacías sentir. Extraño cómo nuestra relación me hacía sentir.
Pero no te extraño a vos. No realmente; no. Porque seguís acá. Nos vemos,
hablamos. Te digo que te quiero, y me decís que vos también. Y sí, admito que lo dudo, a veces,
y otras no. Y otras lo niego, porque no tiene ningún sentido que me quieras. Pero
lo haces (creo). Y no te extraño, porque seguís acá. Pero el problema es que
nosotros ya no seguimos acá.
¿Dónde fuimos?
¿Dónde estamos?
Y yo a vos te extrañé tanto, tanto. No te das una idea. No puedo explicarlo. No hay forma. Mientras vos no pensabas en mí y te dedicabas a hablar con otras 57 mil pibas y a verte con 32 mil, yo te extrañaba. Y no te reclamo, ni te culpo. Just stating the facts. Te extrañaba todo el día, toda la noche, toda la tarde. Y dejé de extrañarte, sí.
Pero, ¿cómo hago para dejar de extrañarnos?
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