Besame, le dije. Besame como si el mundo no existiera, como si no hubiera otra mina ahora mismo hablandote para que la beses a ella mañana, besame fuerte.
Me besó como le pedí. Me besó la boca, el cuello, las manos, el cuerpo entero. Dejó marcas en mi pecho, me apretó fuerte contra él, y me besó. Me besó hasta que logró sacarme un suspiro, hasta que en mi mente no cupo otra cosa que sus besos y sus dedos trazando lineas invisibles en mi espalda. Me besó mientras yo me obligaba a dejarme llevar. Me besó y por esa noche, nuestras vidas fueron una. El día anterior, eramos él, y por otro lado yo. Y al día siguiente era yo, y por otro lado él. Pero esa noche fuimos nosotros dos, y fueron nuestros besos, contra todo lo demás, contra el mundo.
Me besó y me susurró al oído cómo me gustas, pero yo sabía que no se refería a mí. Tal vez se refería a mi cuerpo, o a mis besos, o a mi forma de tocarlo, o a las ganas que le generaba, o a las ganas que él supo generarme a mí. Pero no se refería a mí como persona, porque él no me conocía, no me conoce. No sabe nada de mí, y yo no sé nada de él, pero esa noche no hizo falta. Esa noche no necesité que finja quererme, ni interesarse por mí, ni que me invite un trago antes. Esa noche no escuché nada de lo que me contó, yo solo me concentré en sus besos
Besame, le dije esa noche. No necesito que me beses mañana a la mañana, ni que en tres días me preguntes cómo estoy o qué estoy haciendo. No quiero saber el nombre de tu hermano, ni cómo te gusta tomar el mate, ni a qué lugar en el mundo te irías sin mirar atrás si tuvieras la posibilidad. Solo necesito que esa noche me ayudes a olvidar la fría realidad en la que vivo, y no me hagas pensar en que somos algo casual. A veces el mundo se me vuelve muy pesado para llevar a cuestas, y a veces no alcanzan las birras con amigas y necesito de noches así. Noches de desconectarme y no pensar. Por eso besame, ayudame a dejar de pensar, apretame fuerte contra tu cuerpo mientras dormis, porque no quiero ni pensar en lo que me va a costar dormirme mañana, sola una vez más.
Y él me besó. Y por una noche, olvidé que lo estaba usando a él para no pensar en otro, y que seguro yo también estaba siendo usada. Esa noche él me besó y yo olvidé que no soy una persona que se deja llevar, que pienso todo demasiado, que analizo cada situación una y otra vez hasta el hartazgo. Esa noche me besó como le pedí, y por una noche, me bastó.
Y al día siguiente, me sentí vacía una vez más.