Me hubiera gustado que te quedes, sabés? Y entiendo que no tengas ganas porque no sentiste eso que hay que sentir, entiendo que yo no tengo ese algo, sabés que lo entiendo bien, porque, de hecho, es lo que me pasa con todos los que me hablan, con todos los que veo, hasta con todos los que me besan. De hecho, es lo que me viene pasando con todos, desde él hasta vos. Es que todos me gustan y está todo bien, pero no hay chispa, a todos les falta ese algo que es tan tan necesario, y si falta, no hay nada más que hablar, no hay nada que decir, no queda nada por hacer. Y yo con vos lo sentí, no tan intenso como con él, pero casi, te juro. Y vos no, quizás ahora te falta y, quizás, en un tiempo, ya no te falte. Pero eso el tiempo lo dirá, y entiendo que ahora mismo no. Lo entiendo, creeme, porque me viene pasando hace meses con todos los que no son él, con todos los que no fueron vos. Entiendo que vos no querés, no me enoja, ni te culpo, sé que a veces uno intenta pero simplemente no surge... Pero... me hubiera gustado que te quedes, sabés?
Me hubiera gustado que te quedes hasta que tus chistes hayan dejado de hacerme gracia, o hasta haberme aprendido todas tus anécdotas. Me hubiera gustado que te quedes para que yo memorice tus lunares, tus puntos débiles y tus gestos; y hasta vos mismo haber memorizado los míos. Me hubiera gustado que te quedes hasta haberte desidealizado, hasta haberme dado cuenta de que no me gusta tu humor por la mañana, o tu manía de no cerrar las puertas, o tu opinion sobre ciertos temas para mí importantes, o tu forma de relacionarte con los demás. Me hubiera gustado que te quedes hasta que se me pase, hasta ese punto de las relaciones en las que uno se pregunta si es realmente amor o si tan solo es costumbre: ese momento clave en el que te das cuenta que la otra persona no es para vos, y vos no sos para esa persona. Me hubiera gustado que te quedes.
Me hubiera gustado que te quedes hasta aprenderte el sonido de mi risa, para grabarlo en tu memoria, y para grabar tu risa en la mía. Me hubiera gustado que te quedes hasta aburrirte de mi rutina, de mi sensibilidad, de mi impulsividad, mi humor, mi inestabilidad. Me hubiera gustado que te quedes hasta el hartazgo, hasta llegar a pensar "ya no puedo más", hasta darte cuenta que no mis defectos te resultan insoportables y que mis virtudes no logran compensanlos. Me hubiera gustado que aprendas cómo hacerme sonreír cuando estoy triste, cómo acariciarme cuando siento el mundo muy pesado, cómo besarme cuando tengo ganas de besar. Me hubiera gustado que te quedes.
Pero no te quedaste.
Te fuiste en mitad de una frase, y ¿cómo hago para completarla ahora? Y sé que no te puedo culpar si escribir no es lo tuyo y vos no podés entender que sí es lo mío, pero, ¿y ahora? Me quedó la frase inconclusa y no sé cómo completarla, porque te fuiste y entonces no me queda otra que intentar escribir yo sola el resto, y casi se me hace imposible no idealizarte. Pero me hubiera gustado que te quedes hasta demostrarme que no sos perfecto, que no tenemos tanto en común, que la frase no termina como yo imagino. Me hubiera gustado que te quedes hasta demostrarme que no sos lo que busco, ni lo que necesito, y así ponerle un punto final a mi frase, juntos.
Me hubiera gustado que te quedes a escribir conmigo, pero te fuiste en mitad de la frase, y entonces la completo yo. Y me queda imaginar lo que pudo ser, lo que nunca fue, lo que, ¿ojalá?, algún día sí sea. Y es que imagino que la frase habría terminado de una forma muy feliz, sabés? Y me cuesta imaginarla distinto, porque es lo que supe ver en vos hasta que decidiste irte. Y con vos solo imagino compatibilidad y felicidad y amor, pero amor sano, te juro. Y me hubiera gustado que dure tanto como yo imaginé, y más de lo que pude llegar a escribir. Pero me hubiera gustado tener, al menos, la certeza de que me equivocaba. Porque, creo, eso es lo peor: no saber, tener que imaginar, tener que completar yo sola una frase que no fue hecha para completar de a uno.
Te fuiste en mitad de una frase, y me hubiera gustado que te quedes a completarla. Me hubiera gustado que te quedes a quererme. Me hubiera gustado que te quedes hasta que ya no nos querramos los dos, hasta descubrir que todo era pura idealización, que todo estaba en mi cabeza, o en nuestras cabezas. Me hubiera gustado no tener que completar yo solita la frase.
Pero no te quedaste.
Y entonces borro la coma, y borro el final que imaginé y que escribí con el deseo de mi corazón.
Y pongo punto y aparte, y escribo lo único que supiste decirme, lo único que sirve para calmar mi ansiedad, lo único que consuela un poco esta vaguedad:
"Solo el futuro sabe que pasará..."
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