domingo, 20 de febrero de 2022

Un domingo de mierda.

Es domingo. Es domingo y está lluvioso. Por supuesto que soñé con vos, y me desperté con ganas de decirte que vengas a pasar el día acá. Que quiero pasar el día con vos, recostada en tu pecho y mirando películas. Que quiero dormir con vos y que me acaricies el pelo y que me des besos en la frente. Que quiero abrazarte y decirte lo mucho que te quiero y que me lo digas vos también. Que quiero que nos riamos de estupideces y… Bueno, eso.

Es que extraño recostarme en tu pecho y que me acaricies el pelo, y que me llenes de besos. Extraño nuestros domingos juntos, y extraño esos días de frío enredando mis pies helados entre tus piernas, pidiendote que me arropes y me traigas algo de tomar y vengas con un vaso de coca y un chocolatito. Extraño llenarte de besos y que te quejes, y que vengas y me abraces y me digas que me queres. Extraño absolutamente todo, todo el tiempo.

Pero no me lo permito. Lo entierro lo más profundo que puedo, porque no tiene sentido. Porque te veo todo el tiempo. Y porque de todas formas de nada sirve extrañar todo esto si vos no lo haces. Y no lo haces. O no lo suficiente como para volver a eso. Y lo entiendo. Recuerdo yo haberte dicho eso mismo a fines de mayo del año pasado. Entonces solo me queda esperar. ¿Esperar vendrá de esperanza? ¿O será al revés? No lo sé, pero espero porque tengo esperanza. Porque leo lo que te decía yo y leo lo que digo ahora y no puedo evitar sentir esperanza de que te pase lo mismo. De que el tiempo, como con casi todo, ayude. De que extrañes lo suficiente para querer volver. Como me pasó a mí, ¿te acordás? ¿Te acordas que me dijiste que querías volver "en un tiempo"? ¿Que querías la posibilidad de salir con otras personas para ver qué onda y "sentirte menos boludo" y después volver?

Palabras que, hoy en día, siento que quedaron en la nada.

Como nuestra relación, no?

Como nuestros domingos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario