martes, 8 de febrero de 2022

Me siento tan… grande? Vieja? No sé explicarlo. Siento como si ya hubiera vivido todo. Como que ya está, ya estoy. Si muero mañana, está bien. No me interesa buscar metas nuevas, ni caminos nuevos, ni gente nueva, ni lugares nuevos. Estoy bien así. Bah, bien. Estoy cansada. No tengo ganas de nada nuevo. ¿Para qué? Es que siento que ya nada puede sorprenderme. Que todo es más de lo mismo, a fin de cuentas. Y entonces, ¿qué sentido tiene? Ya está. Ya estoy. Ya fue. Todo.

A la vez me siento muy chiquita. Vulnerable. Como si estuviera sosteniéndome pegada con cinta scotch. Qué cinta de porquería. Y en cualquier momento me revolea un viento fuerte y me hago mierda contra el piso. De nuevo. Uf. ¿Cuántas veces van ya? Estoy cansada de caer. Estoy aún más cansada de pegarme con cinta scotch. De intentar rearmarme todos los pedacitos rotos e intentar con todas mis fuerzas no romperme para terminar fracasando, de nuevo. En todo. Y entonces vuelvo a sentirme vulnerable y quisiera pedirle a un Dios en quien no creo que no quiero romperme más, y que no quiero sentirme más así. Pero no creo en Dios, y no creo que alguien me escuche. Y entonces vuelvo a sentirme cansada, y grande, y vieja. Como si ya hubiera vivido todo. Ya está, ya me rompí demasiado. ¿Es mucho pedir un descanso? ¿Un poco de paz? Y, si no es mucho pedir, ¿a quién debería pedírselo? ¿Alguien me escucha? ¿A alguien le importa?

Soy muy joven para sentirme así, pero así me siento. Como que ya está. Como que esto es todo. Pero así me siento. Ya tropecé, aprendí, lloré y fui feliz. ¿Qué más me queda? No me interesa. No me interesa conocer a nadie más. No me interesa aprender nada más. No me interesa ni siquiera equivocarme. No me interesa salir, ni quedarme. Si muero mañana, está bien: ya vivi suficiente. El problema es que no muero, obvio. Porque soy joven. Y todavía no viví nada, supongo. Pero vivir es sufrir. Constantemente. Preocupaciones, miedos, paranoias, dolores, sufrimiento.

¿Qué tanto más se puede vivir? Ya no tengo más ganas de preocuparme ni de sufrir.

¿Cuánto tiempo más tengo que sufrir?

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