Estoy cansada. De vos, de mi, de todo. Cansada. De nosotros. Y ni siquiera sé cuál nosotros. No queda nada de lo que alguna vez fuimos. Retazos sueltos de algún que otro momento, que encuentro en alguna que otra risa. Eso es todo.
Solía encontrar paz entre tus brazos y certeza en tus palabras. Ahora solo siento tristeza. Y pena. Y miedo, en parte. Y si me preguntas, “miedo a qué?” te respondo, “a perderte.” Pero ya te perdí, no? Hace tiempo, creo. Y, creo, me está costando aceptarlo, o asimilarlo. Y quizás también a vos, no? Pero se nota, y mucho. Y se notan (muchísimo) mis esfuerzos por intentar salvar lo insalvable. Remontar lo irremontable. Evitar que el titanic se hunda. Y no estoy diciendo que la situación o nuestro vínculo es insalvable. Para nada. Es solo que yo no puedo salvarlo sola. Ni remontarlo sola. Ni girar el timón sola. Y no es que vos estés manejando directo hacia el iceberg. Es más bien como si, viéndolo a lo lejos, no sos capaz de girar el timón diez centímetros a la derecha para evitar el choque. Y quizás lo giras cinco. Pero no alcanza…. No alcanza, y yo no puedo hacerlo sola. Y no me quiero hundir. Tampoco quiero saltar del barco. Entonces, qué hago?
Me da bronca, sabes? Porque todo lo que alguna vez fuimos esta acá, a la vuelta del timón. Es tan simple como poner voluntad. Pero no lo haces. Por orgullo, o por la razón que mierda sea. Y me da bronca. Y me duele. Porque solías hacerme sentir que siempre ibas a luchar por mi. Pero ya no lo haces. Y más aún que triste y enojada, me hace sentir cansada. Cansa luchar por alguien que no parece interesado en que lo hagan. Cansa dar y recibir migajas. Cansa sentirse una molestia.
Cansa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario