Necesito algo que te saque de mi cabeza. Cualquier cosa. Me da igual, lo que sea. Un par de tragos, un problema, un acontecimiento que me ponga muy feliz, un pibe que me vuele la cabeza, muchos exámenes, alguna droguita. Algo que te saque de mi cabeza.
Es que ya no sé cómo más engañarla. Vive imaginando tu vuelta, tu cariño. Recuerda tu tacto como si hubiera sido el día de ayer que lo sentía, y tu voz como si hubiera sido ayer que la oía. Pero ya pasó mucho tiempo desde que sentí tu tacto y escuché tu voz, e igual mi cabeza no sabe cómo olvidarte. Intenta mantenerte a raya, arrinconarte, taparte con otras cosas, pero siempre logras salir de tu escondite. Yo le digo que no conviene, que no es sano, que no tiene sentido, que si tiene que ser va a ser, y que llorarte y extrañarte no va a cambiar eso, entonces intento dejar de pensarte. Y a veces, lo logro, de verdad que sí. Mantengo la mente ocupada en otras cosas, o en otras personas, y, por tan solo un rato, te vas. Pero siempre volves. Y te ubicas en el centro de mis pensamientos, y me doles. Me duele todo el cuerpo de no tenerte. La cabeza, la panza, el pecho, las manos, me duele el alma. Siento un nudo en la garganta y ese nudo sos vos. Que no salis. Salí, carajo, basta. Andate. Si no me vas a querer como yo necesito que me quieras, no me sirve. No me hace bien. Me intoxica.
Quiero que salgas de mi cabeza, de verdad te digo que eso quiero. Pero también quiero que vengas y me digas que no querés salir. Que querés estar, y hacerme bien. Y querés más. Y me queres. Pero nunca pasa.
Y el nudo sigue. Y vos seguis.
Andate, por favor.
Salí de mi cabeza.
Chau!
O volvé, pero esta vez quedate bien.
Volvé, por favor.
No me obligues a sacarte de mi cabeza, porque no puedo. Porque, en realidad, no quiero.
Volvé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario