sábado, 12 de marzo de 2011

No era capaz de creer el torrente de emociones que palpitaba en mi interior, y sólo porque había tenido a bien mirarme por primera vez en seis semanas. No podía permitirle ese grado de influencia sobre mí. Era patético, más que patético, era enfermizo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario