Necesitaba que me destruyas. Necesitaba que me lo digas todo sin rodeos, que apretes el botón de reset, que me apagues las emociones, que me tires las piedras con toda tu fuerza, que golpees fuerte en los muros de mi corazón, que me hieras hasta un punto desde donde no pudiera encontrar retorno, que el peso de tus palabras sea mayor que el de mi esperanza, para así obligarme a soltarla. Necesitaba que me destruyas, para así liberarme. Y casi, casi, lo lograste.
Necesitaba que me destruyas, y, si lo hubieras logrado, no te hubiera culpado en absoluto. Te lo pedí yo. Yo puse las palabras en tu boca, yo cargué tu pistola de balas, y luego me puse en frente tuyo, completamente desprotegida. Yo tiré mi escudo e ignoré cada célula de mi cuerpo que me gritaba que huya, cada átomo de mi persona que me tiraba hacia otro campo gravitacional lejos de tu indiferencia. Yo fui quien te mostró de dónde elegir las mejores piedras para tirarme. Yo fui la culpable. Yo te lo pedí. Nunca te pedí nada, ya ves, excepto este pequeño, minúsculo, favor.
Necesitaba que destruyas mis esperanzas, que le tires con todo el peso de tu desapego. Prefería llevar a cuestas tu apatía por meses antes que un segundo más con mis esperanzas a cuestas. Y casi lo lograste. Casi.
Necesitaba dejar la esperanza, porque me cuesta seguir cargando su peso en mi espalda. Hay algunos días que me pesa tanto que me dificulta la respiración. Necesitaba respirar, necesitaba soltarte, necesitaba un boton de reset. El problema es que solo vos podías apretarlo, porque solo vos tenés la clave. Necesitaba que lo apretes con todas tus fuerzas, que lo dejes inutilizable, para así nunca jamás volver. Necesitaba irme. Necesitaba irme porque sabía que vos jamás te ibas a ir, porque yo jamás podría echarte, entonces necesitaba que me eches vos. Necesitaba que me destruyas, te lo supliqué, me puse de rodillas. Pero no supiste entender. No supiste verme. Ahí estaba yo, desprotegida, completamente desamparada. Y cuando te pedí que me destruyas, me escuchaste, pero no me oíste. Me miraste, pero no me viste.
Y quizás tu intención fue cumplir mi pedido, mi único pedido, mi necesidad. Quizás quisiste, pero no supiste cómo ayudarme.
Necesitaba que me destruyas. Y casi, casi, lo logras. Casi.
Pero dijiste "no sé". Y escribiste "por el momento".
Ay, cómo me hubiera gustado que me destruyas. Cuánto lo necesitaba.
Y, ay, ojalá no hubieras escrito eso.
Porque entonces quizás no estaría acá,
con el filo de la esperanza aún clavada en mi espalda.
Quizás estaría en otro lugar,
destruida, sí,
pero libre al fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario