martes, 19 de marzo de 2019

¿Despedida?

Y a veces sentimos las despedidas, no? Leí un texto el otro día, sobre cómo se siente ese cambio, ese algo que te dice "esta es la última vez". Un beso con sabor un tanto amargo, unas palabras que ya no conmueven, unos ojos que te miran pero no te ven, unas caricias que ya no erizan la piel, unos brazos que te rodean para cubrirte del frío del ambiente... pero que se sienten igual o más fríos que el ambiente mismo. A veces se siente, no? A veces simplemente lo sabés, aunque nadie se despida, ni aclare, ni explique: a veces estás con alguien y simplemente, ahí está. La certeza de que esa es, fue, la última vez.

Y supongo que si yo lo hubiera sentido, si algo en tu forma de besarme me lo hubiese advertido, si tus abrazos no me hubiesen abrigado, si tu mirada hubiese manifestado tu apatía, si en tus palabras hubiera encontrado tan solo un indicio... tal vez, supongo, tal vez me habría protegido. Tal vez habría sabido proteger a mi corazón, tal vez ya no seguiría escribiendote ni pensando en tu risa como lo más lindo de septiembre. Supongo que habría actuado diferente, aunque me pregunto qué tanto. Me pregunto si me habría animado a confesarme, o si habría fingido total y completa indiferencia ante tu mirada. Me pregunto si te habría dado más abrazos, más fuertes, o menos y más fríos y calculados. Seguro nos habría sacado esa foto que me pediste, esa que no quise sacarnos, esa que, recuerdo, pensé otra vez será, aunque no lo dije. Supongo que, sabiendo que era la última vez, no habría existido ese pensamiento.

Pero no supe verlo, ni sentirlo, ni intuirlo. Tampoco me lo esperaba, si te soy totalmente sincera. Supongo que nunca supe cómo intuir que ibas a irte, porque la otra vez me pasó igual. Tus manos en mi cintura, tu manera de abrazarme, tu mirada clavada en mi boca, la forma en que tu dedo trazaba formas en mis manos mientras yo apoyaba mi cabeza en tu hombro. ¿Es acaso alguna de estas señal de que todo está terminando? ¿De que es una despedida? Tal vez no supe interpretar tus señales, tal vez quise que denoten algo que realmente no significaban, tal vez lo que creí ver en tu mirada fue mi propio reflejo. ¿Será que me equivoqué? ¿Será que fui yo el problema en no entender tus señales? ¿O fue que tus señales no fueron claras? ¿O fue que no había señal? ¿Sabías que esa era la última vez, o te tomó tan de sorpresa como a mí? Porque podría jurar que no me equivoqué, que lo ví, que lo sentí: que eso no era un fínal. ¿Será todo esto un simple enriedo de mis propios pensamientos? ¿Un simple malentendido? Que de simple, por supuesto, no tiene nada: el amor nunca lo tiene, el desamor aún menos. 

Pero, quizás, y sé que en parte me lastimo alimentando este pensamiento, quizás es que se suponía que así debía ser. Que las cosas pasaron así por algo, que nosotros estabamos destinados a no despedirnos. Que se suponía que ninguno debía saber que era la última vez: porque no lo era, porque no lo fue, porque no lo es. Y sé que en parte me lastimo alimentando esta esperanza, pero, tal vez algún día, no? Tal vez algún día, si el destino está de nuestro lado, si los astros se vuelven a alinear, si las estrellas deciden cumplirme un deseo... no? Tal vez algún día todo esto cobre sentido, tal vez me despierte con vos al lado y comprenda al fin por qué no nos despedimos aquél miércoles de septiembre: porque siempre estuvimos destinados a reencontrarnos. 

No imaginé que la última vez sería, en efecto, la última vez. Y no pude disfrutar de un último beso, o un último abrazo, porque no sabía que lo estaba dando: no pude despedirme. Es que si tan solo hubiera percibido una señal, una indicación, algún cambio... pero no. Y entonces, y escribo esto plenamente consciente del daño que me hago a mí misma, elijo confiar en mi intuición: porque realmente intuí que esa no era la última vez que te veía, ni ese el último beso que te iba a dar, y simplemente lo sé: es que vos y yo vamos a volver a vernos.

Sé que voy a volver a verte, no sé cuándo, o cómo, pero lo sé. Lo sé, porque a veces simplemente lo sabés. Sé que nunca nos despedimos, sé que fue así por algo, que nada es casualidad, y no hace falta que me demuestres nada, o que digas nada: en el fondo ambos sabemos que esa no fue la última vez. Y no me sorprende, porque siempre nos creí esa historia inacabada merecedora de una segunda parte, y entonces pienso que también siempre fui creyente de que no hay dos sin tres, y que la tercera es la vencida. Y tal vez sí, no? 

Tal vez algún día, me digo a mí misma, y sé que es muy fina la línea entre la esperanza y la expectativa, y no sé bien si estoy esperanzada o expectante, y supongo que algunos días esto, algunos otros aquello. Tal vez algún día, me digo, y sé que no sirve de nada esperarte, sé que en realidad no hay nada que yo pueda hacer, que escapa de mis manos, que el destino se va a encargar solito, pero, también sé que no serviría de nada dejar de esperarte: igual seguiría haciéndolo. Y entonces, por defecto, también sé que no serviría de nada despedirme: acá siempre sos bienvenido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario