sábado, 30 de marzo de 2019

Lo más lindo

Tu risa fue lo más lindo de ese septiembre, y mirá que me pasaron muchas cosas lindas en septiembre, pero tu risa... fue la más linda de todas las cosas que me pasaron.

Recuerdo que hacía mucho frío esa madrugada, y, aunque era viernes, no había mucha gente en el bar con nosotros. La noche tenía un tinte azulado, frío, y, sin embargo, tu risa le dio a la atmósfera un cálido color ocre. Recuerdo que temblabamos los dos por el frío que teníamos, recuerdo haber pensado que si fueras cualquier otro, ya te habría dicho tiempo atrás de terminar la noche. De irnos. Me acuerdo que pensé que si hubieses sido cualquier otro, ante ese frío que indicaba que el invierno aún no se terminaba, me habría querido ir a mi casa, a acostarme en mi cama, a arroparme entre mis sábanas. Y, sin embargo, ahí estabamos los dos: congelados, intentando abrigarnos con el fuego de nuestros besos, acobijandonos en los brazos del otro. Recuerdo haberte mirado a los ojos mientras te reías y pensar que tus ojos eran los más hermosos del planeta. Y que tu risa era la más linda del universo. Y que seguramente muchas cosas lindas me iban a pasar en septiembre, que recién era la primer madrugada del mes, pero yo... yo ya había catalogado a esa noche como la más hermosa del mes, del año, quizás hasta de mi vida. Yo ya había registrado a tu risa como lo más lindo de ese septiembre.

Y ojalá me lo hubieran advertido. Digo, que tu risa solo iba a ser eso: lo más lindo de septiembre. Que en octubre iba a ser reemplazado por tu desapego, y en noviembre por tu frialdad. Que en diciembre tu apatía me iba a destruir, que en enero ibas a enredar mis pensamientos una vez más, que ibas a orientarlos un viernes para un lado y un domingo para el otro. Que en febrero te iba a suplicar que me destruyas y no ibas a poder hacerlo, que en marzo iba a querer que la frase morir de amor sea humanamente posible, y que me ibas a atar por siempre a la esperanza en mi espalda, ojalá me lo hubieran advertido. Me pregunto cómo hubiera actuado si hubiera sabido todo lo que iba a pasar. O, quizás, mejor dicho así: ojalá supiera cómo hubiera actuado si hubiera sabido todo lo que no iba a pasar. 

Pero supongo que las cosas pasan de la forma que pasan por algo, y, por ahora, al menos me queda el recuerdo del fuego de tus besos abrigandome en esas noches de un invierno que tardaba en irse, y del cobijo de tus brazos, y de tus ojos celestes achinandose al compás de tu risa.
Y, ay, esa risa.
Fue, definitivamente, lo más lindo de septiembre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario