jueves, 25 de octubre de 2018

Esperando

No importa qué tan poco espere de vos, siempre me decepcionas. Siempre me das aún menos de lo que espero. Incluso aunque lo que espero sea justamente nada. Nunca cumplís con mis expectativas, y, sin embargo, yo sigo expectante. ¿De qué? No sé muy bien.
No sé bien por qué te espero si sé que no vas a venir. Pero igual lo hago. Y fantaseo con un “más tarde, o mañana, o quizás la semana que viene, o la otra”. Y lo espero, pero en el fondo sé que no va a pasar. E intento aceptarlo, y cerrarte la puerta. Voy decidida a dar el portazo, a cerrar con llave y tirar la misma al vacío para que no entres nunca más, ni aunque yo quiera dejarte entrar. Y la cierro. Cierro la puerta. Pero igual, no tiro la llave. E igual, dejo la ventana abierta. Por si te pinta dejar de hacerme esperarte en vano. Por si, de casualidad, pasas cerca y queres saber cómo estoy. Te cierro la puerta, pero nunca la ventana, para ver si quizás, pasas, miras, y te dan ganas de tocarme timbre.
Y yo quisiera creerme cuando digo que no te voy a dejar entrar. Quisiera creerme cuando digo que no espero que seas vos cada vez que suena el timbre o alguien toca la puerta. Pero somos pocos y nos conocemos mucho. Si no te cierro la ventana, es porque estoy esperando ver tus ojitos claros asomarse a ella y espiarme por ahí. Y estoy esperando que quieras entrar. Y te estoy esperando. A vos, y solo a vos. Tocame la puerta, que guardé la llave.


¿Cuánto más vas a tardar?

No hay comentarios:

Publicar un comentario