miércoles, 26 de diciembre de 2018

10%

Yo sé que hay un 90% de probabilidades de que todas mis esperanzas sean en vano, de que mis ilusiones terminen aplastadas por el peso de tu olvido, de que todos mis sueños terminen desembocando en un vacío infinito. Y el pronosticador ya lo anunció hace rato: hay 90% de probabilidades de lluvia. Y el cielo lo sabe, y se cubrió de nubes grises, y trajo humedad y calor, y el pronosticador no se equivoca: hay 90% de chances de que llueva, y aunque yo espere que salga el sol, seguramente va a llover.
Sé que hay 90% de chances de que nuestra historia concluya sin nunca terminar de ser contada, que muera en estos textos que vos no lees, en los sueños que cada noche tengo en los que volvemos a abrazarnos, en los deseos que le pido a cada pestaña caída que nunca se cumplen. Y quizás tenga que aceptar ese 90% de posibilidades de que el tiempo oxide mi recuerdo en tu mente, y de que algún día tan solo recuerdes mi nombre, y te olvides de lo mucho y lo fuerte que reíamos, de nuestros chistes internos, de nuestras canciones, de mi manera de mirarte, y hasta de tu manera de mirarme a mí. Y casi todas nuestras chances llevan nuestro cuento al inevitable final al que cada historia llega, y es probable que nunca te enteres de cuánto te pienso y cuánto te pensé todo este tiempo, y quizás tenga que empezar a aceptar que te voy a seguir pensando mientras vos cada día me pensas menos. Quizás tenga que aceptar que nuestras miradas tienen un 90% de chances de jamás volver a cruzarse y nuestros labios un 90% de probabilidades de jamás volver a tocarse. Quizás tenga que aceptar que todo lo nuestro quedará por siempre en la nada, que ni siquiera va a terminar, porque, ¿cómo puede terminar algo que jamás empezó?
Creéme, soy muy consciente de nuestras posibilidades. Y me aterra pensar en ese 90% de chances de que con cada día que pasas lejos mío se te hace más fácil olvidarme, y más difícil recordar el sabor de mis besos, y quizás así, al mismo tiempo, vas olvidando lo mucho que te gustaba estar conmigo, y el sabor de mis besos, y mis caricias, y mis chistes, y mis risas, y mis miradas. Me asusta pensar que todo lo que quiero decirte tal vez muera en mí y en cartas que escribo pero jamás envío, que en realidad nunca me voy a animar a confesarme y termine ahogada en palabras jamás expresadas. 
Es posible que todo lo que te quiero, ansío, imagino y espero termine muriendo en mí y en todo lo que te escribo acá. De hecho, es 90% posible, que termines siendo un simple recuerdo, que tu ausencia, tu distancia, y el tiempo mismo oxiden mis sentimientos hacia vos, que dejes de ser ese rayo de sol asomado entre las nubes y te transformes en un suspiro de domingo por la tarde; en un beso de viernes con un desconocido; en un shot de tequila un sábado a la madrugada por un vano intento de sacar el peso de tu ausencia de mi pecho; en el desmedido consumo de sustancias que por un rato te sacan de mi mente, pero nunca logran sanar mi corazón nostálgico y herido por tu distancia; en un anhelo insufrible. Y entiendo que las probabilidades de que el destino no quiera que volvamos a cruzarnos nunca más, que no volvamos a mirarnos, ni a besarnos, ni siquiera a darnos un abrazo, son del 90%, y entiendo que eso es mucho, que es casi un total de chances. 

Sí, es muy probable, lo entiendo.
Pero no es seguro.
Y que no sea del todo seguro es lo único que necesito para seguir soñandote.

Hay un 10% de chances de que no llueva, y aunque el pronosticador jamás se equivoque y el cielo está nublado, y el calor y la humedad indiquen que, indefectiblemente, va a llover, hay un 10% de probabilidades de que no, y a ellas me aferro.
Y me aferro a nuestro 10% de chance de supervivencia, no me preguntes por qué, pero lo hago. Aunque mis amigas me digan que no, y aunque me mienta a mi misma y me jure una y otra vez que ya no te espero, que no te confío, que no nos creo posibles; lo hago igual.Me aferro a mi ilusión, a mi esperanza, me aferro a lo que creo que podemos llegar a ser, a lo que creo que algún día vamos a ser. Creo en mi intuición, y mi intuición me dice que aunque hayan 90% de probabilidades de que mis esperanzas sean en vano, eso solo significa que hay también 10% de chances de que no lo sean. Que puede ser, que quizás, que, tal vez, el peso de tu olvido no termine aplastando mis ilusiones, que mis sueños desemboquen en un abrazo de reencuentro, y no en un vacío infinito. 
Hay un 10% de probabilidades de que nos volvamos a ver, de que nos volvamos a vivir, de que nuestro destino sea mucho más que este presente del que te ausentas constantemente, de que el libro de nuestra historia aún tenga más capítulos por escribir, de que esté varada en un puerto esperando un barco que aún no llega pero algún día va a llegar. Creo en ese pequeño pero cierto porcentaje de que algún día todos los deseos que pedí con tu nombre se cumplan, que todos los "ojalá" que suspiré antes de dormirme se transformen en un "por fin", y que todos mis sueños se materialicen en un beso de reencuentro y en tu presencia tan esperada. 
Y es a ese 10% de probabilidades al que me aferro con toda mi alma, porque quiero creer, porque le deseo a cada pestaña que se me cae, le hablo a cada estrella, lo sueño cada noche: que las nubes se disipen y que todos los pronosticadores se equivoquen, y que no llueva. Que salga el sol y que, con el, traiga una vez más tu presencia a mi vida.

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