viernes, 14 de diciembre de 2018

Cita

Me levanté de la cama, me dí una ducha, me lavé los dientes. Me puse mi short rosa, que me encanta, y una remera gris que atrás tiene encaje negro, por donde se me ve la espalda. Me la metí adentro del short. Así me gusta más. Me puse un cinturón plateado, mis medias, mis zapatillas blancas con rosa. Me delineé los ojos, algo que solo hago para ocasiones especiales. Y esta era una, así que me puse delineador, rímel, y un labial rosa que no usaba hace demasiado tiempo. Agarré $200, las llaves, el celular, los auriculares, y bajé. Estaba emocionada; hacía tres meses que no tenía una cita. No tenía con quién. O sí, pero no. No importa. El caso es que me puse los auriculares y caminé hacia el lugar de encuentro. Y escuché canciones que canté mientras caminaba, y pense "qué me importa si me miran". Y me reí un poco al sentirme ridícula. Estaba ridículamente contenta.
Cuando llegué al café mi cita me pidió el que más me tentaba, uno nuevo, de navidad. También me regaló un muffin de vainilla con chips, porque sabe que es mi favorito. Y le dije al barista que mi nombre es Abi, pero escribió Gabi en el vaso, y me hizo pensar en él, pero no me importó, porque yo estaba en una cita con alguien mucho mejor que él, alguien mejor que todos. Y no me permití ponerme triste. Me reí, le dije gracias al barista, y me fui a sentar a una mesa afuera con mi cita. Le mandé a una amiga la foto del vaso, y me dijo "el universo parece estar en tu contra". Y me reí, porque así parece, a veces. Así se siente. Y lo charlé con mi cita. Charlamos mucho, nos reímos también, descubrimos que tenemos mucho en común. Charlamos y me ayudó a resolver algunos problemas, aunque como siempre, también me inventé nuevos; así soy yo. Pero me entendió. Noté que algunos miraban con recelo nuestra cita, quizás no entendían, quizás se preguntaban qué historia habría detrás.
Escuchamos música, prestando atención a las letras, desenredando cada palabra y adaptandolas a nuestra vida. Nos sacamos una foto y nos dio vergüenza, porque sentimos al mundo entero mirarnos, pero no importó. Y no subimos la foto, la guardamos para recordar la cita. Disfrutamos del viento hasta que empezó a hacer frío, y ahí, aún con el café en la mano, porque tomamos lento, emprendimos el regreso. 
Y volví a mi casa únicamente porque tenía frío, pero si hubiera sido por mi, me habría quedado disfrutando de mi cita mucho tiempo más. Llegué  contenta, sintiendome enamorada, y con ganas de otra cita al día siguiente, y al otro, y al otro. Hace mucho no sentía algo así, quizás desde que había tenido una cita con él. Y fue lindo, no creí poder sentir un amor así de nuevo, tan pronto. Me prometí a mi misma que iba a cuidar este amor, que iba a dejarlo sanarme, que iba a ser lo más incondicional posible. Volví de mi cita feliz, se me notaba en la cara: fue de las mejores que tuve en mi vida. 
Y cuando mi mamá me preguntó con quién fue mi cita, le respondí: conmigo misma.

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